Medio centenar de intelectuales reclaman una mejora en la gestión de la Casona de Tudanca

Casona de Tudanca

Medio centenar de intelectuales, coordinados por el profesor Mario Crespo, han firmado un manifiesto en el que reivindican a la Casona de Tudanca como uno de los espacios más importantes de la literatura española del siglo XX, reclamando una mejora de la gestión y un proyecto museístico “coherente y completo”.

Los intelectuales, por orden alfabético de su primer apellido, son: Fernando Abascal, Juan Manuel Alegre, Pedro Álvarez de Miranda, Andrés Amorós, Fernando Arrabal, Félix de Azúa, Emilio Calderón, Joaquín Carbonell, Camilo José Cela Conde, José Corredor-Matheos, Juan Antonio Cremades, Mario Crespo, Luis Alberto de Cuenca, Germán Delibes de Castro, Joaquín Díaz, Aurora Egido, Eva G. Fernández, Antonio Garrigues Wálker, Ian Gibson, Raúl Gómez Samperio, Tomás Guasch, Luis Landero, Joaquín Leguina, Rafael Leonardo Setién, Feliciano Llanas, Joan Margarit, José Antonio Martín Petón, Gabriele Morelli, Antonio Muñoz Molina, Marcos Pereda, Jesús Alberto Pérez Castaños, Carlos Pérez de Cossío, José María Pérez de Cossío, Luis Pérez de Cossío, María Dolores Pérez de Cossío, Álvaro Pombo, Carmen Posadas, Chema Puente, Francisco Rico, Carmen Riera, Lourdes Royano, Graziella Sáenz de Heredia, José Manuel Sánchez Ron, Marc Sardá, Jaime Siles, Andrés Trapiello y José Luis Villacañas.

El manifiesto íntegro dice lo siguiente:

Más sobre la Casona de Tudanca

El pasado jueves 11 de julio se celebró el quinto encuentro de la Casona de Tudanca dentro de la programación de los cursos de Verano de la Universidad de Cantabria, que cuentan con el patrocinio de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte y la colaboración de la Fundación Botín. Hasta aquí el necesario apoyo institucional de este evento, que cada vez concita a más gente. Medio centenar de personas se reunieron en el jardín de la Casona de Tudanca (véase “El Diario Montañés” del sábado 13 de julio) para celebrar, esta vez, la figura de Ramón Menéndez Pidal y su relación con el romancero, uno de los temas predilectos de José María de Cossío, y escuchar las magistrales intervenciones de Joaquín Díaz, tal vez el etnomusicólogo español más importante del último medio siglo, y Chema Puente, auténtico mantenedor y recuperador de la tradición popular de nuestra tierra.

Los anteriores encuentros han destacado las relaciones de amistad de Cossío con algunas figuras de la Generación del 27, en concreto Pepín Bello, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Vicente Aleixandre. Por el jardín de la Casona de Tudanca han pasado algunos de los más importantes especialistas en ellas, personalidades humanísticas de incontestable prestigio, que han hablado ante un público que sí, se ha desplazado hasta la Casona consciente del debido homenaje a su valor patrimonial, un público para quien la lejanía de la Casona no es motivo suficiente para no acudir al encuentro de importantes figuras de nuestras letras.

En estos cinco años hemos escuchado a los profesores Gabriele Morelli, Pedro Álvarez de Miranda, Juan Manuel Alegre y Lourdes Royano, los poetas Jaime Siles, José Corredor-Matheos, Marián Bárcena y Marc Sardá o los escritores Emilio Calderón, Marcos Pereda, Raúl Gómez Samperio y José Antonio Martín Otín. Hemos compartido tertulia con ellos, recuperando un poco la tradición oral de la Casona, su valor como lugar de encuentro y reflexión en torno a la palabra en su manifestación literaria, popular y amistosa. Entre la nómina de estudiosos que han pasado por aquí no podemos olvidar a Ian Gibson, el más importante biógrafo de la más importante figura literaria del último siglo, Federico García Lorca. Cuando Gibson subió por primera vez a la Casona, ningún representante institucional le recibió. Se ve que no tenía suficiente categoría para remover de su sillón –o de su mesa perezosa— a quien correspondiera. Cuando el grupo de asistentes visitó con él la Casona, solo pudieron ver una copia del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” (la que se muestra a todo el mundo); es decir, ni un mínimo detalle se tuvo con él, ni una consideración por parte de ningún representante de las entidades competentes. La pregunta evidente es: ¿realmente le interesa la Casona al Gobierno de Cantabria? Los datos y sensaciones de los últimos años nos dan una respuesta más que evidente y demostrada. La Casona parece más bien una “patata caliente” que nadie quiere. O, como alguien dijo, una “joya de la abuela” que no sabemos qué hacer con ella. ¿Sucedería lo mismo en otros lugares de Europa o aún más cerca, en algunas regiones españolas próximas? ¿Permitirían los vascos o los asturianos tener un tesoro como es la Casona, uno de los centros de la cultura de la Edad de Plata, pieza clave en la geografía humanística de nuestro país, y tenerlo en una situación de mera subsistencia? Pero, por más que se quiera, la riqueza de esta Casona no la pueden ocultar ni la desidia institucional ni el olvido al que pretenden postergarla quienes tienen responsabilidad en el ámbito de la gestión cultural. Por este lugar han pasado Alberti, Lorca, Unamuno, Diego… En su colección y archivo está parte de la memoria de lo mejor de nuestras letras (desde el siglo XIX, Pereda, generaciones del 98, 14 y 27, epistolario, cancionero poético…). Y eso no lo puede ocultar ya nadie: las ramificaciones en nuestro saber humanístico van a desembocar en algún momento en la Casona.

Por lo tanto, hacemos un público llamamiento a las autoridades competentes en la gestión de la Casona de Tudanca, en el grado que les corresponda, para que se realicen las siguientes actuaciones:

  1. Provisión de personal específico. La Casona de Tudanca debe contar con una dirección operativa y efectiva, que cumpla con todas y cada uno de las responsabilidades que toda dirección conlleva. La solución de esta carencia es competencia gubernativa.
  2. Mejora sustancial (cuando no creación) de un proyecto museográfico coherente y completo. Entre otras actuaciones, debería acometerse lo siguiente: mejora de los espacios expositivos de la planta baja, revisión de los materiales expuestos (especialmente los materiales gráficos seleccionados) y su presentación, mejora de las copias documentales y la contextualización de los materiales y selección bibliográfica de la biblioteca de Cossío (que era una biblioteca viva, no muerta). En el material expuesto apenas hay nada de la Institución Libre de Enseñanza, ni de la Residencia de Estudiantes, ni del Ateneo de Madrid. La información sobre Miguel de Unamuno y otros visitantes de la Casona es escasísima o inexistente. Faltan materiales expuestos sobre el Cancionero de Cossío, sobre el deporte y, particularmente, sobre el fútbol, afición verdaderamente notable en Cossío y que podría servir para atraer a los posibles visitantes. Como ejemplo de la incoherencia del proyecto y del sentido del sitio, en la habitación interior de la planta primera, las estanterías están tapadas por telas, para simular nada menos la tienda de campaña del general Gregorio de la Cuesta, antepasado de Cossío: se cambia y tapa lo sustancial (la biblioteca) por lo anecdótico.
  3. Difusión de la Casona y sus fondos. Es evidente que se puede difundir mucho más la Casona y que las entidades locales también la vean como un elemento dinamizador del valle del Nansa. Aparte de la necesaria relación administrativa y entre diferentes empresas y agrupaciones, podrían realizarse actuaciones como un repositorio de materiales en internet que permita el enlace por esta vía con otras entidades dinámicas en la difusión y el estudio de la Edad de Plata, una colección de publicaciones con materiales de la Casona, unas actuaciones concretas de difusión en colegios, institutos y universidades y la conexión con los sucesores de los escritores y personalidades presentes de alguna manera en Tudanca.

La Casona de Tudanca es un centro especial de la cultura, y como tal debe ser tratado. Es un caso extraordinario y verdaderamente peculiar en la historia española. No es una biblioteca normal, ni una biblioteca municipal, ni una rama de la Biblioteca Central de Cantabria. El poso emocional, histórico, patrimonial que tiene es inmenso, no vale con ella una simple gestión administrativa o el mantenimiento de unos horarios de visitas guiadas. Implica mucho más. Háganse ya las actuaciones que correspondan por parte, esencialmente, del propietario, que es el Gobierno de Cantabria.

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