González de Posada entra en la Real Academia de Doctores resaltando la figura de Torres Quevedo

Grupo de doctores que asistieron al acto. González de Posada es el primero de la derecha, sentado.

Con el traje académico ornado con la muceta de doctor ingeniero (expresión de su primer doctorado), el profesor Francisco González de Posada, miembro de la Sociedad Menéndez Pelayo, tomó posesión de la medalla número 38 de la Real Academia de Doctores de España en un acto que se celebró en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid.

El discurso de González Posada, con el título ‘Automática, una ciencia nueva concebida por Torres Quevedo: su historia’, consistió en una exposición donde se divulga cómo el ingeniero cántabro, considerado como “el más prodigioso inventor de su tiempo”, fue “la luz que desde España iluminó al mundo de la invención y del progreso con la creación de una nueva ciencia, que denominó Automática” y que con sus ramificaciones (Automática, Informática, Robótica, Cibernética, Computación e Inteligencia Artificial), ocupan un lugar primordial en el plano de la cultura y de la ciencia en la actualidad.

En su discurso, González Posada realizó una breve historia de las máquinas algébricas con las contribuciones de Torres Quevedo y la recepción en Francia de su obra. También hizo referencia a la protohistoria de la Automática con el ‘telekino’ y el primer ajedrecista (1911), además de los ‘Ensayos sobre Automática’ (1914) y el acontecimiento conmemorativo en 2020 sobre el aritmómetro de Torres Quevedo que se presentó en París, “el primer ordenador del mundo”.

El discurso de González de Posada tuvo contestación del profesor José Ramón Casar Corredera, ingeniero de telecomunicación que expuso la amplia y distinguida trayectoria académica y profesional de González Posada, destacando sus seis doctorados: Ingeniero de Caminos Canales y Puertos (1973), Teología (2013), Filosofía (2015), Sociología (2018), Medicina (2019) y Filología Hispánica (2019). También se refirió a otros distinguidos ingenieros para destacar esa especialización formativa, como Agustín de Betancourt y Molina, Lucio del Valle y Arana, Federico Cantero Villamil, Juan de la Cierva y Codorniú, Eduardo Torroja Miret y el premio Nobel, José Echegaray y Eizaguirre.

En la contestación, Casar Corredera resaltó que esa generación de ingenieros, donde incluyó a Torres Quevedo, presentó una “actitud innovadora, creadora y visionaria” orientada a soluciones científicas y tecnológicas, entre la ciencia y la ingeniería (y a veces en la arquitectura o el urbanismo, en otros casos), y que en su criterio fue un empeño primordial común “y notablemente” de Torres Quevedo. También elogió a González de Posada por la iniciativa y esfuerzo de mantener la notoriedad del genio español.

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