Aldecoa, Josefina

Foto de Aldecoa, Josefina
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1926-2011
  • Procedencia
    La Robla (León)

Josefa Rodríguez Álvarez, más conocida como Josefina Aldecoa, nació en la localidad leonesa de La Robla el 8 de marzo de 1926. Casada con el escritor Ignacio Aldecoa, tomó su apellido al quedarse viuda.

Alternó la literatura con su actividad docente y vivió sus últimos años retirada en su casa cántabra de Mazcuerras, donde falleció en 2011. Hija y nieta de maestras, educada en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, fue una mujer liberal con una gran fe en que la educación era una potente fuerza revolucionaria. En León formó parte de un grupo literario que fundó la revista ‘Espadaña’. Se trasladaría a Madrid en 1944 para estudiar Filosofía y Letras, doctorándose en Pedagogía por la Universidad de Madrid. De su tesis doctoral surgiría su primer libro: ‘El arte del niño’ (1960), donde se estudia la relación infantil con la actividad artística. Al año siguiente, publicó la colección de cuentos ‘A ninguna parte’.

En sus años de estudio en Madrid, tomó contacto con el grupo de escritores de la generación de los cincuenta, como Carmen Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Sastre, Jesús Fernández Santos e Ignacio Aldecoa, con quien contraería matrimonio en 1952.

En 1959 fundó el Madrid el colegio ‘Estilo’, donde proyectó el modelo educativo que había visto en Inglaterra y Estados Unidos y desde donde defendió las ideas de la Institución Libre de Enseñanza.

En 1969 murió su esposo y permaneció diez años sin escribir, dedicándose plenamente a su labor docente, hasta que en 1981 publicó una edición crítica de una selección de cuentos de su marido. A partir de entonces, construyó una obra cuyas narraciones profundizaron en la memoria personal y generacional, publicando los siguientes títulos:

‘Los niños de la guerra’ (1983), donde la autora escribe una crónica de su generación, ilustrada por semblanzas, biografías y comentarios literarios sobre diez narradores surgidos en los años cincuenta; ‘La enredadera’ (1984); ‘Porque éramos jóvenes’ (1986),  ‘El vergel’ (1988) y ‘Cuento para Susana’ (1998), dedicado a su hija. En 1990 inició una trilogía con la novela ‘Historia de una maestra’, inspirada en la vida de su madre y en la labor que realizaron los maestros en los años de la República, por la que recibiría su última distinción, la Medalla de la Igualdad, otorgada por el Ministerio de Sanidad. Le siguió  ‘Mujeres de negro’ (1994), y ‘La fuerza del destino’ (1997), donde se incluye su visión de cómo había que reconstruir el sistema educativo tras la dictadura de Franco. Continuó con ‘Ignacio Aldecoa en su paraíso’ (1996); ‘Espejismos’ (1996), cuento incluido en ‘Madres e hijas’; ‘Confesiones de una abuela’ (1998), donde abordó sus experiencias con su nieto; ‘Pinko y su perro’ (1998); ‘El mejor’ (1998), incluido en el segundo tomo de la selección de cuentos de fútbol de Jorge Valdano; ‘La rebelión’ (1999), cuento incluido en ‘Mujeres al alba’; ‘El desafío’, cuento incluido en ‘Cuentos solidarios 2’; ‘Fiebre’ (2000), una antología de cuentos escritos entre 1950 y 1990; ‘La educación de nuestros hijos’ (2001); ‘El enigma’ (2002), novela de temática amorosa; ‘En la distancia’ (2004), libro de memorias en el que plasmaba su infancia y toda una época de la historia reciente de España; ‘La casa gris’ (2005), que escribió cuando tenía 24 años novelando las diferencias entre España y Europa y ‘Hermanas’ (2008), su última novela.

Vinculada estrechamente con Cantabria, en Mazcuerras nacieron y crecieron sus historias y se fraguaron la mayor parte de sus libros y pinturas, ya que era muy aficionada a este arte. En Cantabria también maduraron las reflexiones, siempre comprometidas, sobre la educación, asomándose a diversos actos literarios y educativos, participando en la creación de jurados, conmemoraciones y programas culturales relacionados con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, los Martes Literarios, la Tribuna Literaria de Caja Cantabria, el premio Elena Soriano o el Día de Cantabria, donde fue pregonera en 2001.

Nombrada en 2006 miembro del Patronato del Instituto Cervantes, su carrera literaria se vio reconocida con el Premio Castilla y León de las Letras (2003); el Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras (2005); el Premio Internacional de las Letras y Premio de la Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras (2006); la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (2005) y la Medalla de Oro de las Bellas Artes (2006).

Falleció el 16 de marzo de 2011, en su casa de Mazcuerras, como consecuencia de una insuficiencia respiratoria. Murió al lado de su única hija, Susana, y su yerno, Isaac Escalante, que la cuidaron durante un proceso degenerativo que sufrió en los últimos meses de su vida. Sus cenizas se esparcieron en el jardín de esta casa donde escribió sus novelas y pintó sus cuadros y que se encuentra en la localidad donde nació Conchaespina.