Castanedo Polanco, Ángel de

Foto de Castanedo Polanco, Ángel de
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1884-1914
  • Procedencia
    Santander

Ángel de Castanedo Polanco

Nació en Santander el 9 de julio de 1884, y murió antes de cumplir los 30 años en la misma ciudad el 2 de mayo de 1914. De familia hidalga y rica, vivía en una finca donde más tarde se levantaría el Colegio de los Escolapios de Santander, alternando las estancias con el lujoso inmueble de la calle Velázquez de Madrid, hoy con el número 63, y que está catalogada como monumento bajo el título de Casa-Palacio de Don Julio de Castanedo.
Estudió en el Colegio de los Jesuitas de Valladolid, y más tarde cursó Derecho en la Universidad de Madrid. Luego perfeccionaría sus conocimientos en la Universidad de Ginebra, donde estudió Filosofía y Humanidades, Universidad de la Soborna (París) y Berlín.

Cuando regresó a España se afincó en Santander, con un enorme pesimismo que no abandonaría nunca, pesimismo y melancolía derivados de su gran sensibilidad, su precaria salud, la ruina económica de su familia y un amor desgraciado que le llevaron a la creación literaria.

Hacia 1909 inició su actividad poética publicando versos en La Atalaya y en la Revista Cántabra, que fundó Manuel Herrera Oria.

Estrenó la comedia “Las murmuradoras” (1910) estrenada en el Teatro Principal de Santander por la compañía de Francisco Villagómez el 19 de febrero, obra que fue muy bien recibida, y luego “El poder del desengaño” (1911), estrenada en el mismo escenario el 21 de febrero.

En la narración comienza escribiendo “Mi tía la soltera” y “Pecados mortales” (1912), colección de narraciones, diálogos y ensayos. También fue autor de “Soñar en vida y despertar en muerte”, que fue premiada por la revista madrileña Los Contemporáneos; “Noches castellanas” (1913), donde se advierte la influencia del Valle Inclán modernista, escrita a las semejantes del siglo XVII, donde cada noche se trata un tema moral que se va ilustrando con un cuento o aforismo.

Su producción poética fue publicada póstumamente en 1951 por José del Río Sainz, bajo el título “Viejos y honrados sentires”.

José María de Cossío escribió sobre este autor que “sus lecciones de resignación ante la muerte, sobre la tolerancia, sobre el poder de la voluntad, sobre el vencimiento de las pasiones, sobre la verdadera pureza, acaban por predominar y dejar en el espíritu una sensación de grave y austera reconvención”.