Fernández de los Ríos, Ángel

Foto de Fernández de los Ríos, Ángel
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1821-1880
  • Procedencia
    Madrid

Ángel Fernández de los Ríos nació en Madrid el 27 de julio de 1821. Sus padres, Manuel Fernández de los Ríos y Bustamante, y Gregoria Peña Velasco, naturales de Pesquera y Santiurde, respectivamente, se habían trasladado a Madrid para atender negocios y propiedades. La familia siempre mantuvo contacto con Cantabria, y eran frecuentes sus viajes desde la capital.

Su padre había participado en conspiraciones contra Fernando VII y siempre intentó trasmitir a su hijo el valor de las libertades, a lo que hay que añadir la influencia de su tío Ángel, progresista amigo de Madoz y Mendizábal, magistrado del Tribunal Supremo y decisivo para que su sobrino estudiara Leyes. El ingreso en la logia masónica «Doce hombres de corazón» junto a su amigo Calvo Asensio y su paso en 1842 por la brigada de artillería de la Milicia Nacional, completan el perfil del joven Ángel educado en los valores del partido progresista.

Comenzó su carrera periodística en 1844 desde las páginas de «El Espectador», periódico de oposición a Narváez, donde colaboró por espacio de dos años. Luego fue comisionado para desplazarse a París para hablar con Mendizábal y procurar su colaboración para la revolución que se anunciaba. Aunque su misión no prosperó, le colocó en una buena posición ante el relevo generacional que estaba atravesando el partido progresista. Huyó junto con su padre de la Guardia Civil después de participar en las jornadas revolucionarias de marzo y mayo de 1848. A partir de ese momento comenzaría su carrera como periodista y editor. Se hizo con la propiedad del «Semanario Pintoresco Español» que fundara Mesonero Romanos en 1836, relanzándolo. Sus escritos fueron recogidos más tarde en «El Antiguo Madrid» y «Estudios críticos y bibliográficos de nuestro antiguo teatro». En 1849 fundó «La Ilustración», primer periódico de variedades, inspirado en la «Ilustrated London News» o «La Ilustración» francesa. Otra de sus iniciativas fue la creación de «El Agricultor Español», con el objetivo de fomentar la lectura en el ámbito rural. Otra de sus publicaciones fue «La Biblioteca Universal», que pretendía dar a conocer las principales obras de la literatura universal con autores como Lamartine, Sue, Molière, Voltaire, Víctor Hugo, Cervantes y Quevedo. Otra de sus creaciones fue «La Biblioteca» que seguiría publicándose durante cerca de un siglo.

Fernández de los Ríos pasaría a la historia del periodismo por la creación de «Las Novedades» en 1850, el periódico más importante de la época inspirado en «The Times», con corresponsales en París, Roma, Turín y Londres. Con esta publicación lograría 13.000 ejemplares con dos ediciones diarias, una para Madrid y otra para provincias, con un importante elenco de colaboradores como Cánovas, Castelar o Silvela.

Fernández de los Ríos participaría activamente en los preparativos de la revolución de 1854, siendo elegido posteriormente como diputado a Cortes Constituyentes. La desilusión de la politica de Espartero, la actitud de O’Donnell desarmando la Milicia Nacional y cerrando las Constituyentes en el verano de 1856, y la muerte de su esposa e hija, le aconsejaron retirarse a San Vicente de Toranzo (Cantabria). A partir de ese momento se declaró antidinástico.

Continuó con su actividad periodística publicando en «La Soberanía Nacional» y pronto tuvo que exiliarse a París, donde realizó importantes contactos con el partido demócrata de París para apoyar la causa del progresismo en España. Regresó a Madrid en 1868 para ocuparse de la concejalía de Obras del Ayuntamiento de Madrid donde derribó las murallas, creó la plaza de la Independencia, gestionó la cesión del parque del Retiro por parte de la Corona y fue promotor de la publicación del «Boletín Municipal».

Iberista convencido, fue embajador de España en Lisboa hasta 1873, estrechando los lazos entre ambas naciones. Diputado a Cortes en 1871, 1872 y 1872-73, prefirió orientar su actividad al periodismo antes que a la política, rechazando cargos en los Gobiernos de Ruiz Zorrilla y Salmerón y la Alcaldía de Madrid ofrecida por Castelar.

Los últimos años de su vida los dedicó a escribir, colaborando en «El Museo Universal», «El Imparcial», «La Independencia Española», «Los Anales de la construcción de la industria», «La República», «La América», «El Progreso», «El Solfeo», «La Ilustración Española y Americana», «La Crónica» de Nueva York, «El Debate» de Barcelona, «La Independencia belga» de Bruselas y «El Fígaro» de París.

Escribió «Las luchas políticas en la España del siglo XIX» (1865), y las biografías dedicadas a Olózaga (1863) y Muñoz Torrero (1864). En los años setenta publicaría «Mi misión en Portugal», «La exposición universal de 1878» y la segunda edición de «Las luchas políticas en la España del siglo XIX», quizás su libro más recordado.

Aún tuvo tiempo para uno de sus sueños, la creación de un grupo escolar en Pesquera, ubicado en la vieja casa que comprara a la viuda de su tío Ángel en 1854, una escuela integral, laica, mixta y tolerante que no se apartaba nada de los ideales de la Institución Libre de Enseñanza, de la que hubiera sido uno de los fundadores si se hubiera encontrado en España en 1876.

Murió en París el 18 de junio de 1880 a causa de unas fiebres tercianas, pocas semanas después de concluir la memoria acerca del grupo escolar de Pesquera.