García Ladevese, Ernesto

  • Nacimiento/Fallecimiento
    1850-1914
  • Procedencia
    Castro Urdiales

Nació en Castro Urdiales el 2 de junio de 1850. Desarrolló su labor poética durante su juventud, ya que posteriormente se dedicó de lleno a la actividad política, comprometiéndose con las ideas republicanas y revolucionarias a las órdenes de Manuel Ruiz Zorrilla. Durante su residencia en Madrid colaboró en varios periódicos, como Las Novedades, El Bazar o Gil Blas. Marchó a París y luego regresó a España donde murió el 21 de agosto de 1914 en Madrid.

Publicó varios libros de poemas como Baladas y cantares (1867), Fuego y cenizas (1868), Meditaciones (1869) y Olas del mar (1870), prologado por el catedrático Manuel Ibo Alfaro, y dedicado a su villa natal, cuyo recuerdo siempre perduró. Otros poemas que se encaminan a ensalzar el paisaje del lugar donde nació y pasó su juventud son Al cementerio de Castro Urdiales y La romería de Mioño. Algunas de sus poesías aparecieron en diversas publicaciones literarias, destacando Ante una tumba y Al ponerse el sol.

En su producción literaria se incluyen las novelas como La carcajada (1872), Los misterios de Madrid, Dramas ocultos de Madrid (1874), Las grandes miserias (1874), Historia de dos crímenes (1874), La hija del corsario, La honra de la mujer (1876) y El corazón de una madre (1875).

Fiel a sus ideas republicanas, tomó parte en la intentona de levantamiento del general Villacampo (1886), tras cuyo fracaso se refugió en París. En la capital francesa tuvo ocasión de relacionarse con los notables ambientes intelectuales de la época. Fue corresponsal de La Nación de Buenos Aires, y conoció a Ruben Darío quien dedica una semblanza a García Ladevese en su Autobiografía. En París escribe crónica de viajes como Fuera de la patria (1880)o Memorias de un emigrado (1892).

Cuando regresó a España participó en varias tertulias, la más frecuentada fue la del saloncillo del Teatro Español con integrantes aristócratas y bohemios.

José María de Cossío compara sus poesías con la sutil dulzura de Bécquer y destaca aquéllas donde el tono melancólico se impone.