Guevara, Antonio de

Foto de Guevara, Antonio de
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1480-1545
  • Procedencia
    Asturias de Santillana

Escritor cántabro, obispo, predicador y cronista de Carlos V. Aunque no existen datos testimoniales de su nacimiento, se sabe que nació en las Asturias de Santillana, y que de niño se crió en Treceño, lugar de aquella merindad y mayorazgo de Guevara. Vino al mundo en torno al año 1480, y eran sus padres don Beltrán de Guevara y doña Elvira de Noroña y Calderón, que fue dama de Isabel la Católica.

En 1492 el joven Antonio ya estaba en la Corte de Castilla como paje del príncipe don Juan, una época donde hizo vida de gozosa disipación, propia de un mancebo cortesano. Pero las muertes del príncipe y más tarde la de la reina Isabel le destinaron al camino de la religión ingresando en la Orden Franciscana hacia 1505. Ganó una gran reputación de predicador emotivo y florido, aconsejó al Gran Capitán, y hacia 1520 fue nombrado predicador y cronista de Carlos V. En su cargo influyó en la vida política como consejero del emperador, participó en las negociaciones que los comuneros mantuvieron con el emperador y fue nombrado consejero de la Inquisición de Toledo. Fue obispo de Guadix y obispo de Mondoñedo, lugar en donde murió el 3 de abril de 1545. Sus restos mortales fueron trasladados en 1522 al sepulcro familiar de Valladolid.

Fray Antonio de Guevara ha pasado a la historia de la literatura como cultivador del género de la “prosa didáctica”. Algunas de sus obras literarias son: Reloj de Príncipes o Libro de Marco Aurelio (Valladolid, 1529), biografía literaria o tratado político, cuyo éxito fue enorme; Menosprecio de corte y alabanza de aldea, en donde se oponen los inconvenientes de la ciudad a las ventajas del campo; Epístolas familiares (Valladolid, 1539), 85 cartas de temas variadísimos eruditas, curiosas y siempre atractivas, que constituyen un verdadero testimonio de su época. Entre las obras de carácter religioso destacan Monte Calvario (Salamanca, 1542), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (Valladolid, 1542) y Las Siete Palabras (Valladolid, 1549).

Su obra contiene una gran fuerza gracias a su invención y erudición fantástica que distribuía con un excepcional ingenio. Menéndez Pelayo le consideró el “retórico más ingenioso” del reinado de Carlos V.