Hoyos y Sáinz, Luis de

Foto de Hoyos y Sáinz, Luis de
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1868-1951
  • Procedencia
    Madrid

Nació en Madrid en 1868, pero de ascendencia montañesa, y orgulloso de considerarse campurriano. Era sobrino del pintor Casimiro Sáinz. Estudió la carrera de Derecho y de Ciencias Naturales en la Universidad Central de Madrid (1895), y fue catedrático de Agricultura y de Pedagogía y profesor de Fisiología e Higiene escolar. También fundó el Seminario de Arte y Etnografía, y desde 1922 se dedicó a los estudios folclóricos y en la acumulación de materiales para el Museo del Pueblo Español, abierto en 1934.

En 1893 publicó Técnica Antropológica. Colaboró con el profesor Aranzadi, con quien guardó una gran amistad, en diversas tareas, entre ellas la dedicación al estudio de la Antropología hispánica. Con Aranzadi publicó: ‘Un avance a la Antropología de España’ (1892), ‘Unidades y constantes de la crania hispánica’ (1911), ‘Interpretación de la nupcialidad, fecundidad y natalidad en España’ (1900) y ‘Los campurrianos (ensayo de antropometría)‘ (1893).

Además de ‘Los campurrianos’, Luis de Hoyos dedicó otros estudios a la que consideraba su tierra en ‘Notas sobre la geología de Campoo’, ‘La dolmatización en el valle de Campoo’ y ‘El nudo cántabro-ibérico’ y ‘Pico Tres Mares’.

Ya en su vejez publicó ‘Antropología prehistórica española’, incluida en la Historia de España dirigida por Menéndez Pidal; y ‘Manual del folklore. La vida popular tradicional‘ (1946), en colaboración con su hija Nieves que continuaría los estudios de su padre.

Murió en 1951, publicándose póstumamente una biografía y antología de Ángel de los Ríos, el famoso “Sordo de Proaño”.

Tuvo una escasamente conocida actividad política, siendo senador por la provincia de Santander en 1923 por el Partido Reformista, y siendo candidato al Congreso en las filas del republicanismo radical.

Miguel Ángel García Guinea señala de él que “fue antes de todo, mucho antes que etnólogo y antropólogo, un verdadero humanista, inquieto por las más distintas ramas del saber y, precisamente por eso, porque consiguió defenderse de la atenazadora especialización, fue –magnífica paradoja- un gran especialista y un gran ordenador de la antropología y de la etnología que entonces empezaba sus primeros balbuceos científicos en España”.