Llano Merino, Manuel

Foto de Llano Merino, Manuel
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1898-1938
  • Procedencia
    Sopeña

Manuel Llano nace en Sopeña (Cabuérniga) el 23 de enero de 1898 y muere en Santander el 1 de enero de 1938.

Hijo único de un modesto matrimonio de campesinos, asiste a la escuela rural de Sopeña y a la de la fundación de los Hermanos de la Doctrina Cristiana en el cercano pueblo de Terán, desenvolviéndose su infancia en los ambientes de Sopeña y Carmona, en cuyas brañas vivió las soledades, tristezas y fatigas del oficio de sarruján o ayudante y recadero de pastor, cuya escasa economía familiar se veía azotada por la progresiva ceguera de su padre al que con frecuencia acompañaba como lazarillo.

Llegado a la adolescencia sufre el traslado de su familia a Santander donde a su padre le había sido concedido un quiosco de periódicos y lotería, lo que supuso para el muchacho un desarraigo del mundo rural ligado a las vivencias e ilusiones de su niñez, cuya introducción en el ambiente urbano, desconocido y hostil, no le brindaba más que un futuro incierto, de forma que el rechazo de este medio y la vuelta y apego al de su infancia será una constante en su vida y en los temas de su obra literaria.

En 1910 ingresa en el Instituto de 2 ª enseñanza, pero no continua sus estudios e intenta los de Magisterio y Náutica que tampoco concluye. En 1918 ejerce de maestro de escuela en Helguera de Reocín, sin titulación, de donde arranca su vocación pedagógica, y junto a su formación cultural autodidacta se van perfilando sus afanes de escritor prolífico, de forma que en 1917 ya publicaba su primer artículo periodístico en «El Progreso» de Cabezón de la Sal y en 1920 lo hacía en “El Diario Montañés”, siendo colaborador asiduo de diversas publicaciones. Así, por ejemplo, desde 1922 hasta 1927 colabora en «El Pueblo Cántabro».

En 1923 contrae matrimonio y escribe en la revista de La Habana «La Montaña» y en 1924 en «Cantabria» vinculada a la colonia montañesa de Buenos Aires, teniendo que establecerse como cantinero durante un año en 1927 mientras es colaborador de «La Región», ganando en 1929 con el trabajo «Tablanca» el concurso del Ateneo de Santander con el título «Mitos y leyendas populares recogidas de la tradición oral», habiendo estrenado en 1928 «La Jila» con representación y actuación musical de los coros «El Sabor de la Tierruca» con representaciones en 1929, 30 y 35 en Barcelona, Sevilla y Valladolid, presentando estampas como «los albarqueros», «La noche de los laureles» o «La vuelta de la siega».

En 1929 tiene ya tres hijos, año en el que publica la novela «El sol de los muertos» en la que muestra su dominio del dialecto montañés y su afición por los temas folklóricos, obra amarga en que la candidez y generosidad de los protagonistas descubren los egoísmos y miserias del mundo rural.

En 1931 publica «Brañaflor» con pequeños relatos, cuadros y estampas hilvanando hábilmente narraciones, mitos, supersticiones y refranes o leyendas, mostrando mayor preocupación estilística así como lenguaje más ligero, conciso y poético.

Asímismo publica «Campesinos en la ciudad» (1932); «La braña» y «Rabel» (1934); «Parábolas» y «Retablo infantil» (1935) y «Monteazor» (1937), en plena guerra civil, y finalmente, «Dolor de la tierra verde» edición póstuma de Proel en 1949.

Gerardo Diego dejó dicho que Manuel Llano es un poeta en prosa de primerísimo rango, autor de páginas de apretada síntesis humana y naturalista. Según José María de Cossío, fue el mejor prosista de su tiempo -y aún acaso de los pasados- que ha tenido nuestra lengua dialectal.