Madariaga de la Campa, Benito

Foto de Madariaga de la Campa, Benito
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1931-2019
  • Procedencia
    Valladolid

Benito Madariaga de la Campa fue cronista oficial de Santander desde 1981, veterinario de profesión, escritor, ensayista y gran divulgador de la vida y obras de importantes personajes de la cultura española.

Fue presidente de la Sociedad Menéndez Pelayo, desde 1999 hasta 2007, etapa tras la que sería nombrado presidente de honor. También fue miembro del Centro de Estudios Montañeses desde 1971, académico correspondiente de la Real Academia de la Historia (1980) y de la Real Academia de Ciencias Veterinarias (1991), socio de Honor de la Sociedad Española de Historia de la Arqueología (2002), corresponsal en Santander de la Casa-Museo de Benito Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canarias (1980), cofundador y miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Médicas de Cantabria (1980) y secretario del Ateneo de Santander en el curso académico 1980/81 entre otras distinciones, a las que hay que añadir honores como el ser Caballero de la Orden Civil del Mérito Agrícola por el Ministerio de Agricultura (1969), Personalidad Montañesa del Ateneo de Santander (1990) o Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (2004).

Benito nació en Valladolid el 24 de febrero de 1931. Murió el 10 de diciembre de 2019. Su padre José María Madariaga Viar era natural de Rasines (Cantabria) y fue indiano que en 1902 emigró a La Habana dedicándose al comercio. Su madre, Ana María de la Campa Trueba era natural de Ramales y fue maestra que sobre todo ejerció con sus cinco hijos: José María, capitán marino mercante; Ana María, enfermera; Arsenio Andrés, ingeniero técnico industrial; Ángel, también Ingeniero técnico industrial y profesor de Universidad de la Escuela Náutica de Santander y Benito, que igual que sus hermanos estudió en el Colegio San José de los Padres Escolapios Primaria y Bachillerato.

En la época de juventud Benito Madariaga tuvo un importante contacto cultural a través de la Institución Cultural de Cantabria, de la que fue secretario en una época y trabajó en ella publicando en algunos de sus Institutos, concretamente en los del Centro de Estudios Montañeses, el Instituto de Estudios Agropecuarios y en el de Etnografía y Folklore ‘Hoyos Sainz’.

A la vez que cursaba los estudios de veterinaria en la Facultad de León, del curso 1948- 49 al 1952-53, los simultaneó con los de Ayudante Técnico Sanitario en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid.

Realizó el servicio militar como marinero en la Armada (Quinta de 1951), primero en el crucero ‘Canarias’ y después en la Comandacia Militar de Santander. Se cuenta la anécdota de que como no sabían qué hacer con un veterinario en un barco, le destinaron al servicio de máquinas turbinas del crucero, a lo que les respondió humorísticamente que suponía fuera por lo de los caballos de vapor.

Se casó el 5 de septiembre de 1964 en Santander con Celia Valbuena Morán, natural de Cistierna (León), catedrática jubilada de Lengua y Literatura de Enseñanza Media. El matrimonio tuvo dos hijos, Maria Celia y Juan Benito.

Su primer libro fue ‘Sociología veterinaria’ (Aldus, 1958) con prólogo de Cesáreo Sanz Egaña y recoge con formularios de encuestas la triste situación de la veterinaria de entonces. Se doctoró en 1967 con una tesis titulada el Género Patella de la bahía de Santander, características biológicas y bromatológicas.

Ejerció como veterinario desde 1955 en varios destinos de Cantabria. En 1957 el Colegio Oficial de Veterinarios de Santander le concedió una beca para estudiar en el Laboratorio costero del Instituto Español de Oceanografía, en el que se mantuvo hasta 1965, en que ingresa por oposición como preparador con destino en Santander. En esos años, el personal hacía salidas costeras para recoger muestras de agua, estudiar el plancton y se trabajaba en ictiometría de algunas especies, así como en ostricultura en la isla Marnay y en San Vicente de la Barquera. Madariaga permanecería en el laboratorio desde 1970 hasta 1975, realizando estudios científicos y de rutina, convirtiéndose en el primer veterinario español dedicado a la biología marina.

En 1961 recibió una beca para trabajar en París en el Instituto Científico y Técnico de Pesca Marítima. Su estancia en Francia le permitió visitar también la Escuela de Veterinaria de Alfort y quedó maravillado por la alta cultura científica de la veterinaria francesa y la enorme categoría social de sus miembros. El Consejo General de Colegios Veterinarios apoyó esos estudios de ostricultura con una beca de ayuda y en 1959 publicó ‘La ostricultura en España’.

El trabajo de Benito Madariaga en la biblioteca del centro le facilitó la consulta de la documentación sobre la creación de la primitiva instalación de la Estación de Biología Marítima y la vida y obra de su primer director, el naturalista Augusto González de Linares (1845-1904), miembro de la Institución Libre de Enseñanza. Resultado de de estos estudios fue la publicación del libro Augusto González de Linares y el estudio del mar. Ensayo crítico y biográfico de un naturalista (1972), obra reeditada 1904. Su dedicación a la biología marina se traduce en algunas de las obras escritas de contenido científico. Publicó artículos en los Anales de la Facultad de León, donde figura su tesis doctoral (1967). En esta misma publicación se dieron a conocer: ‘Incidencia de la infestación de los mejillones gallegos por Mytilicola intestinalis Steuer’ (1970), y en colaboración con Orestes Cendrero Uceda, ‘Algunos casos de anomalías congénitas en peces’ (1973). En 1970, con el mismo biólogo, publicó ‘Nota acerca de las tortugas laud, Dermochelis coriacea, capturadas en las costas de Asturias y Santander» (1970) y ‘Útiles de mariscar’ (1972).

Esa especialidad en el estudio de las especies marinas desde el punto de vista veterinario le permitió colaborar en la Quinta Semana Nacional Veterinaria (Madrid, 1970) con estos trabajos: «Calidad higiénica de los platos preparados con mejillones en los bares de Santander» (En colaboración con Justo José Bustillo); «Contribución al estudio del rape (Lophius piscatorius L. y Lophius budegassa Spinola«; «El índice de condición en ostricultura» (Avigán, nº 140,1964). En el laboratorio oceanográfico permanecería hasta 1975 en que solicitó su baja voluntaria.

Durante la década de los años sesenta, en que escaseaban los profesores de Ciencias Naturales dedicados a la enseñanza, solicitaron su colaboración como profesor adjunto interino en el Instituto José María de Pereda y en el Colegio de los Padres Escolapios de Santander.

Su inquietud profesional le llevó a publicar artículos especializados en diferentes revistas y en participar en congresos donde presentó interesantes comunicaciones. Sobre avicultura publicó en 1961 un trabajo acerca de la Gallina Pedresa, subraza autóctona de Cantabria, siendo el primero que se ocupó de esta especie en vías de extinción. También se ha ocupado del ganado vacuno lechero y del estudio del toro de lidia. Publico la obra ‘El toro de lidia’ (Madrid, 1966) con prólogo de Álvaro Domecq y el artículo que hizo sobre la raza bovina «Monchina», existente en el oriente cántabro en los montes de Remendón y en la comarca vizcaína de las Encartaciones. También fueron muy conocidos los artículos sobre problemática de su profesión, con un variado repertorio de temas.

Desde la Consejería de Ganadería de Santander se trasladó en octubre de 1986 a la Consejería de Cultura, Educación y Deporte. En esta etapa la Consejería le hizo responsable del Centro Coordinador de Libros y Bibliotecas durante tres años y como Coordinador de Promoción Cultural entre el 89 y el 90. El hecho de haber trabajado con moluscos marinos hizo que fuera llamado para la clasificación de ejemplares que aparecían en las cuevas de Cantabria. Entre las cuevas que estudió en Cantabria y Asturias figuran las de la Chora, del Otero, Cueva de Morín El Pendo, Tito Bustillo y El Juyo.

El ser veterinario también le sirvió para tener una visión muy diferente a la expuesta hasta ahora de las figuras del techo de Altamira. El buen conocimiento de las pinturas originales, debido a sus frecuentes visitas y el estudio de las reproducciones y calcos efectuados en su día por el abate Breuil, le ha conducido a una nueva teoría sobre la interpretación de las pinturas de la célebre cueva. A su juicio, algunos de los animales representados están muertos, como en el caso por ejemplo de la cierva. En el techo se aprecian también bisontes muertos, hembras y ejemplares juveniles que representarían el momento de la agrupación de machos y hembras de los bisontes en la época de la reproducción, así como momentos de celo y parto. Ello tiene especial interés ya que confirma el conocimiento que tuvo el hombre de Altamira de ciertos fenómenos de la reproducción animal. Ya Hermilio Alcalde del Río supuso la existencia en la cueva de «un plan fijo y premeditado», tal como se recoge en el estudio de Madariaga ‘Vida y muerte en la cueva de Altamira’ (Santander, 2010).

Otros trabajos suyos han sido: ‘Las pinturas rupestres de animales en la región Franco-Cantábrica. Notas para su estudio e identificación’, con prólogo de Félix Rodríguez de la Fuente (Santander, 1969); ‘Hermilio Alcalde del Río. Una escuela de prehistoria en Santander’ (1972); «Historia de los descubrimientos prehistóricos’ (1975); ‘Origen y características de las primitivas razas caballares de la Península Ibérica’ (1975); ‘Estudio de la fauna marina de la cueva de Tito Bustillo’ (1975 y 1976) y ‘Escritos y documentos de Marcelino Sanz de Sautuola (1976).

La Fundación Marcelino Botín de Santander editó en español, francés e inglés el libro ‘Sanz de Sautuola y el descubrimiento de Altamira’ (2000) y el Instituto para Investigaciones Prehistóricas de Santander publicó el de ‘Marcelino Sanz de Sautuola y la Cueva de Altamira’ (2004), biografía del personaje.

Con respecto a su vocación literaria, Madariaga es autor de una novela, ‘Malva’. Se publicó en Madrid y versa sobre la guerra civil en un ambiente triste. Igualmente tiene publicado el relato breve, ‘La entrevista’, en la revista Altamira (tomo LXXIII del año 2007) y obtuvo el tercer premio de narrativa del Centro Gallego de Santander con el cuento ‘El misterio del zapatito rojo’, que está inserto en el volumen que recoge los Certámenes literarios de dicho Centro (Santander, 2009, pp. 117-124).

Su obra

Dentro de las obras de Benito Madariaga destaca la realización de retratos literarios y biografías de escritores en relación con Santander. En este sentido, tiene escritas las vidas y obras de dos santanderinos ilustres como José María de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo y un tercero, vecino de la ciudad, Benito Pérez Galdós.

Sobre José María de Pereda tiene escrita su biografía, de 484 páginas, ‘Pereda. Biografía de un novelista’ (Santander, 1991). Aparte tiene artículos en revistas y periódicos de ámbito nacional, así como su colaboración en ‘Menéndez Pelayo, Pereda y Galdós: ejemplo de una amistad’ (1984), en ‘Nueve lecciones sobre Pereda’ (1985) y su participación en ‘Peñas Arriba, cien años después’ (1997).

Menéndez Pelayo y su biblioteca es otro tema muy ligado a Santander que Benito Madariaga ha cultivado como admirador del erudito santanderino, como ‘Trabajos escolares y universitarios de Marcelino Menéndez Pelayo’ (Santander, Centro de Estudios Montañeses, 2002) y un estudio biográfico del autor de los Heterodoxos Españoles en el libro titulado ‘Tres estudios bio-bibliográficos sobre Marcelino Menéndez Pelayo’ (Santander, 2008) en el que colaboró aportando el estudio de su vida, junto al sentido y actualidad de la obra efectuada por el profesor Ciriaco Morón Arroyo y la bibliografía publicada por Adolfo Bonilla San Martín.

Con respecto a Benito Pérez Galdós, puede decirse que Benito Madariaga ha sido el gran difusor y redescubridor de este importante novelista, poniendo de relieve la estancia y vecindad del escritor en las tertulias de Santander. En 1979 publicó el libro ‘Pérez Galdós, biografía santanderina’, donde analiza y presenta por primera vez la vida del novelista en Santander, discursos, cartas y reflexiones del Galdós como político republicano, cuya documentación fue censurada debido por la dictadura franquista. En 2003 se hizo una edición facsimilar por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo del libro con los discursos de entrada en la Real Academia de Galdós y Pereda con una introducción de Benito Madariaga. En 2005 publicó ‘Pérez Galdós en Santander’, con numerosas ilustraciones gráficas, trabajo en el que resume la aventura existencial del gran novelista afincado en Santander, lamentando que terminara con la lastimosa pérdida de «San Quintín», así como con la dispersión de parte de su contenido en libros, cuadros y manuscritos y, lo que es peor, con la desaparición de la casa, al venderse a un particular que la modificó. Madariaga escribiría varios artículos en revistas y prensa sobre este novelista por el que ha sentido una gran admiración.

Siguiendo con sus aportaciones biográficas, en colaboración con Fernando Barreda, escribió en 1974 ‘Victorio Macho en Santander. Notas de unos recuerdos’, con referencias sobre el escultor palentino durante su primera etapa de vida en Santander. En 1976, junto con su esposa Celia Valbuena y con prólogo de Camilo José Cela vería la luz ‘Cara y máscara de José Gutiérrez Solana’. También Emilio Botín prologó ‘Escritos y documentos de Sanz de Sautuola’, edición con estudio y notas de Benito Madariaga. Con Ángel de la Hoz es coautor de dos libros sobre el pintor Francisco Gutiérrez Cossío (1894-1970), titulados: ‘Pancho Cossío. El artista y su obra’ (1990) y ‘Pancho Cossío y su mundo’ (1997). Personaje también estudiado ha sido Augusto González de Linares, biólogo y geólogo krausista que fue uno de los primeros defensores en España del darwinismo y director de la Estación de Biología Marina, laboratorio dedicado al estudio del mar y de su fauna y flora. En esta misma línea de investigación están el escritor y poeta Amós de Escalante, José María de Cossío, señor de la casona de Tudanca; y Pedro Salinas, secretario de la Universidad Internacional durante la República. Resultado de esos estudios son los libros y artículos publicados en obras colectivas: ‘Augusto González de Linares. Vida y obra de un naturalista’ (2004), ‘Amós de Escalante, cien años después’, en el centenario de Amós de Escalante (Santander, 2003, pp. 203-219); ‘José María de Cossío y la cultura regional’ en ‘José María de Cossío y la poesía de su tiempo’ (Santander, 2002, pp. 147-155) y de Pedro Salinas, ‘La praxis intelectual: Salinas en la Universidad de Santander en Pedro Salinas’ en ‘Estudios sobre su praxis y teoría de la escritura (Santander, 1992, pp. 199-224). También es autor de ‘Aventuras y desventuras de un trotamundo de la poesía. Recuerdo y homenaje a Pío Fernández Muriedas’ (2009) y ‘Hambre y resignación en el Lazarillo de Tormes’ (2010).

Desde la perspectiva de su vocación como veterinario, Madariaga publicó también un nutrido repertorio de publicaciones. Como antecedentes de los dos tomos de ‘Semblanzas Veterinarias’, hay que considerar la celebración del Primer Congreso Nacional de Historia de la Veterinaria, dirigido por el veterinario militar Vicente Serrano Tomé en el que participó Benito Madariaga. Las ‘Semblanzas’ aunque fueran una obra colectiva, estuvieron codirigidas por Carlos Ruiz Martínez, Miguel Cordero del Campillo y Benito Madariaga.

La figura de Félix Gordón Ordás estaba pendiente de un reconocimiento, ya que por razones políticas del franquismo había quedado marginado. Fue Carlos Ruiz el que pudiendo hacer mejor que nadie la semblanza de Gordón propusó que la escribiera el prof. Cordero por ser leonés. Ajeno a las ‘Semblanzas’, ha sido el proyecto de la Facultad de Veterinaria de León de editar dos libros de dos grandes figuras: Félix Gordón Ordás y Ramón Turró en las que también fue invitado a colaborar Benito Madariaga.

El tema del Regionalismo en Cantabria ha sido abordado por Madariaga en varias publicaciones: ‘Crónica del Regionalismo en Cantabria’ (Santander, 1986) y la ‘Antología del Regionalismo en Cantabria’ (Santander, 1989), con una selección de autores y textos. Ambos libros tuvieron el mérito de ser los dos primeros sobre esta materia en Cantabria.

Sobre la historia de la ciudad escribió: ‘Santander en el centenario del 2 de mayo’, en ‘La guerra de la Independencia (1808- 1814), II (Santander, Centro de Estudios Montañeses, 1982, pp. 769-779; ‘La vida en Santander a mediados del siglo XIX’ (1984) y en colaboración figura en el citado libro Plaza Porticada. Festival de Santander 1952- 1990, editado en Madrid en 1991. Con el título ‘Santander, de villa a ciudad’, encabezó, como cronista de la ciudad, las colaboraciones en el libro ilustrado: ‘Santander, historia de una ciudad’ (Santander, 2005,pp.6-16).

 Respecto a sus publicaciones sobre la Península de La Magdalena y la primitiva Universidad de la República, figuran las siguientes obras de la Librería Estudio y de la Universidad Internacional:    ‘Real Sitio de La Magdalena’ (Librería Estudio, 1986); En colaboración con su mujer Celia Valbuena: ‘La Universidad Internacional de Verano en Santander’ (1933-1936), UIMP, 1981; ‘La Universidad Internacional de Santander’ (1932-1936),(1999); ‘La Universidad Internacional de Santander. Resumen de sus trabajos en el curso de 1934’ (Santander, 2000); ‘Garcia Lorca, La Barraca y el Grupo Literario del 27’ (1999).