Vélez de Guevara, Luis

  • Nacimiento/Fallecimiento
    -1644
  • Procedencia
    Écija (Sevilla)

Nació en Écija (Sevilla), de familia de los hidalgos montañeses Diego Vélez de Dueñas y Francisca Negrete de Santander. Dice de él Federico Carlos Sainz de Robles que su vida nada tuvo que envidiar a la turbelentísima y variadísima de su maestro, el también cántabro Lope de Vega. Bachiller en Arte por la Universidad de Osuna, paje, soldado, abogado, secretario de nobles señores, pedigüeño, bufón y ujier de cámara, espadachín, dramaturgo afortunado y fecundo, enamorado a perpetuidad, cuatro veces casado y padre de numerosos hijos.

Graduado en Arte en Osuna, entró como paje al servicio del cardenal Rodrigo de Castro, a quien acompañó de Sevilla a Madrid con motivo del enlace matrimonial del rey Felipe III con Margarita de Austria. Tras la muerte del cardenal sienta plaza de soldado y durante seis años milita de firme en España, Argel e Italia. A su regreso a España se casa misteriosamente y enviuda. En 1608 se casa de nuevo con Úrsula Ramisi Bravo de Laguna, recibiendo un magnífico apoyo económico de su amigo el conde de Saldaña. En 1618 contrae de nuevo matrimonio con Ana María del Valle, de la que enviudó antes de los dos años. Pasó al servicio del marqués de Peñafiel, primogénito del gran duque de Osuna, con quien permaneció casi dos años.

Destacó como poeta y autor dramático. También fue un amenísimo conversador. En 1625 consiguió entrar en la servidumbre del Palacio, ocupando plaza de ujier de cámara de Su Majestad. En 1626 se casó por cuarta vez con María López de Palacios, viviendo sus últimos años con estrechez económica. Murió en 1644 en la calle Urosas, que hoy lleva su nombre. Dice Sainz de Robles que “de Vélez nadie habló mal. Su simpatía arrolladora y su hombría de bien lograron que se le perdonaran errores y malos pasos”.

Luis de Vélez de Guevara se hizo célebre por “El diablo cojuelo”, obra impresa en Madrid en 1641. Dividida en “trancos” en lugar de capítulos, es una novela satírica y picaresca, aunque no se trata de las aventuras de un pícaro, sino de los cuadros que un estudiante contempla en los lugares públicos y en la intimidad de los hogares de la época. “El diablo cojuelo” alcanzó un enorme éxito y ha sido traducida a todos los idiomas cultos. En opinión del gran hispanista Ticknor, “es la más picante y animada entre todas las sátiras en prosa de la literatura moderna”.