NEILA: “LO EXTRAORDINARIO DE VICENTE TRUEBA NO ES LO QUE CONSIGUIÓ, SINO CÓMO LO CONSIGUIÓ”
21-12-2005

Ángel Neila presentó en el Círculo de Recreo de Torrelavega, ante más de 150 personas, su elaborada y rigurosa obra de "Vicente Trueba Pérez. La Pulga de Torrelavega. Biciografía de un ciclista legendario", una publicación de 400 páginas y más de un centenar de fotografias sobre el primer deportista cántabro que alcanzó fama internacional.

El libro, editado por Tantín, cuenta con una tirada de 1.000 ejemplares, y su portada ha sido diseñada por el artista Jorge Mier. La obra, que viene a culminar los diversos actos organizados en homenaje del ciclista de Sierrapando con motivo del centenario de su nacimiento, condensa la trayectoria humana y deportiva de Vicente Trueba. Al mismo tiempo divulga el conocimiento de una época histórica del ciclismo nacional e internacional, proporcionando datos de otros deportistas que convivieron con Trueba. El trabajo de investigación de Neila atiende de forma exhaustiva las actuaciones del gran corredor en el Tour de Francia.

El autor, que compartió la presentación del libro con la viuda del corredor, Josefina Bedia; el presidente del Círculo de Recreo, Javier Compostizo, y el prologuista del libro, Roberto Lavín, señaló que “lo realmente extraordinario de Vicente Trueba no fue tanto lo que consiguió, con aquella minúscula anatomía, sino cómo lo consiguió y los consiguientes efectos que sus gestas deportivas provocaron en la sociedad española”. En este sentido el autor destaca que acudió al Tour de forma individual, sin equipo, contra experimentados equipos nacionales, “más solo que la una, luchando contra toda clase de adversidades, injusticias de los organizadores, sin masajista, sin mecánico, completamente desatendido en carrera por una organización que le buscaba alojamiento en míseras mansardas de hoteles de cuarta categoría, pagándose gran parte de los gastos de su propio bolsillo... y de esta manera Vicente Trueba, asombró al mundo”.

En el libro se explica como además de ser Rey de la Montaña de 1933, fue el ganador moral del Tour ese mismo año, ya que de acuerdo al reglamento de la prueba, la actuación de La Pulga llegó a dejar fuera de control a muchos de sus seguidores, pero el Tour tuvo que rectificar para permitirles la repesca ya que sólo seis corredores hubieran seguido compitiendo. Trueba logró coronar nueve de los quince puertos puntuables en primera posición, entre ellos el Galibier, Braus, Vars, Aubisque y Tourmalet, entrando en los puestos de vanguardia en el resto.

Según señala Roberto Lavín, familiar de Vicente Trueba, miembro de la Sociedad de Médicos Escritores y prologuista del libro, se trata de “una biógrafa deportiva seria, puntual y exhaustiva en cuanto a la labor de inmersión en lo que a hemeroteca se refiere, escrita con estilo sencillo, expresivo y ameno”, añadiendo que “resulta didáctico y agradable, incluso con ribetes líricos, donde se advierte su admiración por el protagonista de la biografía, sentimiento que va creciendo a medida que lo conoce y comprende, y eso le permite profundizar hasta considerarle en la misma línea que otros lo hemos situado desde la cercanía familiar”.

En el acto intervinieron miembros del Grupo de Gaitas La Montaña, y al final del mismo se tributó un homenaje a los ciclistas fallecidos evocando a Alberto Fernández. Su hijo, que asistió a la presentación del libro, recibió una Estela de Barros del presidente de la Asociación de Amigos de Vicente Trueba, Rodolfo Do Alto.

Asistieron al acto los concejales Alejandro Campo, Luis Carlos Albalá, Juan Sañudo, Manuel Quevedo, Delfina Núñez, M. Ángeles Ruiz Hoyos y Luisa Fernández del Val. También asistieron el alcalde de Riotuerto, Alfredo Madrazo y el de Cartes, Saturnino Castanedo, además del presidente de la Federación Cántabra de Ciclismo, Juan José Trueba, el presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, Diego Alonso y el editor de la publicación, José Luis Fernández Gándara.

En la fotografía Ángel Neila (derecha), junto a Josefina Bedia, recibe la felicitación del artista Jorge Mier.

Discurso íntegro de Ángel Neila durante la presentación de su libro:

"Es fácil decir cosas agradables de las personas cuando se trata de acontecimientos que recuerdan la memoria de alguien que ya no está entre nosotros. Pero este no es caso, porque Vicente Trueba, nuestra querida Pulga de Torrelavega, nunca nos abandonó. Su espíritu deportivo se ha mantenido vivo en la memoria, aunque, como todo lo que pertenece al pasado, poco va poco se va difuminando y languidece ante los problemas y avatares del día a día.

Ante la proximidad del centenario del nacimiento de Vicente Trueba, hace aproximadamente año y medio comenzó a bullir en mi cabeza la idea de rendirle un modesto homenaje. Pensé que lo mejor sería realizar una breve monografía del personaje para que la publicara mi buen amigo Carlos Alútiz, director de la magnífica revista Los Cántabros.

Pero hete aquí que una persona a la que apenas conocía también tenía para con Vicente Trueba otra idea: la de crear una asociación que se encargase durante al presente año de organizar una serie de actos con los que homenajearle. Esta persona es Rodolfo Do Alto Gutiérrez, hoy presidente de la Asociación Amigos de Vicente Trueba y del Ciclismo Cántabro. Cuando en su casa me comentó la idea, rápidamente me di cuenta que el destino había querido que nuestras vidas se cruzaran. Otras personas se sumaron con entusiasmo al proyecto para, juntos, dar forma a algo que hoy es una firme realidad.

Pero ciñéndome al libro que hoy presento ante ustedes, diré que poco a poco, casi sin pretenderlo, la información se fue acumulando y lo que en principio, como ya dije antes, iba a ser un reportaje sobre Vicente Trueba, se ha convertido en la primera biografía del legendario ciclista de Sierrapando.

Para ello he recopilado información, entre otras fuentes, de los periódicas y revistas de su época, tanto de España como del extranjero; he mantenido entrevistas con los familiares de Trueba: su esposa Josefina Bedia, sus hermanos Fermín y Carmen Trueba o su primo Fernando Torre Trueba; he consultado archivos públicos y privados, destacando entre los últimos los del ciclista torrelaveguense Ezequiel López, fallecido en febrero de este año, o el de la familia de Ricardo López-Dóriga Alonso.

En fin, 400 páginas en las que se condensa la vida y obra de Vicente Trueba, y donde, además, se dedican espacios para conocer, someramente, otras ilustres biografías de ciclistas y otros deportistas de su época, poniendo especial énfasis en las actuaciones de Vicente Trueba en el Tour de Francia, porque, indudablemente, la vida del personaje está íntimamente ligada a la carrera que francesa, donde asombró al mundo. Y eso que no se trataba de nada más que de andar en bicicleta.

Siempre he defendido que a las personas, como a su actos, hay que juzgarlos en su época. Y partiendo de esta premisa, los triunfos de Vicente Trueba hoy se valoran más debido a las enormes limitaciones de medios y materiales, si lo comparamos con los disponibles en la actualidad, a causa de la natural evolución.

Pero lo realmente fascinante de Vicente Trueba no es lo que consiguió, que también, sino cómo lo consiguió. Se preguntarán ustedes, ¿de qué manera? Pues bien, solo y por su cuenta, al igual que cuando Santiago Ramón y Cajal luchó en un ambiente de negación científica. O como cuando Pizarro emprendió la conquista del Perú en medio de la inmensidad incógnita de un continente. O como el Cid Campeador, que como un individual cualquiera marchó al Reino de Valencia para derrotar a los sarracenos.

Dice Arthur C. Clarke, que la única manera de conocer los límites de lo posible era aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible. Tras demostrar su calidad en España y adelantándose a la cita del famoso escritor inglés de ciencia ficción, Vicente Trueba puso en práctica su particular aventura y para demostrase a sí mismo y al mundo entero su auténtica valía, decidió que tenía que acudir a batirse con los mejores. Y los mejores se daban cita en el Tour de Francia.

Tras un agridulce paso por la ronda francesa en 1930 como integrante del equipo nacional español, Vicentuco –como le llamaba Leonor, su abuela materna-, decidió “liarse la manta a la cabeza” y aconsejado por Clemente López-Dóriga, mentor y cantor de sus gestas, el “hombre infinitamente pequeño”, como le llamó un rotativo francés, puso rumbo a la Galia. Era el año 1932 y fue el único representante español seleccionado personalmente por el creador del Tour, el inefable Henri Desgrange.

Con 26 años se presentó solo en París. Era un “tenebroso”, apelativo con el que los ciclistas agrupados en equipos nacionales llamaban a los que iban por su cuenta y riesgo. A los “tenebrosos” se les prestaba menos atención que a nadie y se les vigilaba más que a nadie. Cuarenta francos diarios de dieta –menos de la mitad de lo que realmente necesitaban- y una bolsa de comida. Eso era todo.

Dormían en míseros alojamientos de cuarta categoría. No tenían masajista y si le querían tenían que pagársele de su bolsillo. Sin director, ni médicos, ni auxiliares, ni compañeros de equipo que les pudieran echar una mano en un momento de debilidad, prestarles una rueda o su bicicleta; sin coche seguidor para avituallarles en carrera teniendo que parar en las fuentes a beber agua. Vigilando continuamente para que los adversarios no les echaran algo en la comida que les aligerara el vientre. Escuchando los gruñidos de los compañeros de pelotón cuando osaban atacar. En pocas palabras: estaban más solos que la una.

Pues bien, Vicente Trueba demostró no solo que era un gran escalador sino que, además, entró en la mayoría de las etapas con los mejores, alzándose con el Gran Premio de la Montaña, oficioso en 1932 y oficial ya al año siguiente. Como toda persona que tiene éxito, tuvo sus detractores, pero Vicentuco solo hablaba cuando estaba encima de la bicicleta. No se amedrentó y en 1933 fue al Giro de Italia, donde le hicieron auténticas perrerías, realizó una soberbia Volta a Cataluña y volvió, de nuevo solo, al Tour de Francia para desde aquí pasar a la historia.

Los mismos organizadores de la carrera francesa, así como los aficionados galos, tan apasionados con todo lo relativo con sus colores, se rindieron a la evidencia y reconocieron posteriormente dos cosas: que Vicente Trueba tuvo que haber ganado aquel Tour de Francia de 1933, declarándole en vencedor moral, y que con sus actuaciones atrajo la atención de todo un país, en este caso España, hacia la mejor carrera ciclista del mundo. Por eso a Vicente Trueba todavía hoy, setenta años después, se le quiera tanto en Francia. Vicente devolvió con creces al Tour lo que había recibido de este.

Las puertas se abrieron de nuevo para que el equipo español estuviera presente en el Tour de Francia de 1934 tras dos años sin ser aceptado. Y eso lo consiguió Vicente Trueba, él solo. Fue también el principal artífice del nacimiento de la Vuelta Ciclista a España en 1935 dado que la afición al ciclismo aumentó tanto que Clemente López-Dóriga y su equipo de colaboradores lo tuvieron fácil a la hora de encontrar apoyos.

Numerosas son las anécdotas que el lector podrá encontrar en esta obra, algunas de ellas narradas por el propio Vicente Trueba. Asimismo quedan reflejadas las opiniones de la prensa de la época que comentaban estupefactos las hazañas del pequeño ciclista de Sierrapando, y que les costaba entender cómo aquel minúsculo cuerpo de 159 centímetros de altura y 58 kilos de peso podía encerrar tanta fortaleza, a la vez que demostraba tener una inteligencia fuera de lo común para adaptarse a las circunstancias de la carrera.

Resumiendo, no he pretendido realizar una obra perfecta, aunque he tenido siempre presente que un trabajo de investigación debe ser lo más veraz y honesto posible. Mi intención ha ido más bien encaminada a divulgar, de la manera más certera y amena posible, la figura de Vicente Trueba y el entorno que le rodeó en una etapa del deporte español que permanecía empolvada.

Y de lo que no me cabe ninguna duda es que Vicente Trueba fue un deportista que con su ejemplo escribió sobre las carreteras de medio mundo un único y valiosísimo manual de solitaria rebeldía y autoayuda personal, espíritu de sacrificio y sufrimiento ante la adversidad, afán de superación, moral inquebrantable y ética deportiva. Este es su mejor legado; y estas virtudes, que fueron el norte por el que siempre se guió nuestro personaje, sirvieron de ejemplo a otros muchos deportistas teniéndolas como un espejo donde mirarse.

Sí, damas y caballeros, Vicente Trueba fue el campeón que no le dejaron serlo. Por eso hoy en día aún despierta admiración y respeto entre quienes ni siquiera le conocieron. Espero que a ustedes les cause el mismo efecto.

Y ya para finalizar, quiero anunciarles que hoy se encuentra entre nosotros el hijo de otro gran campeón que falleció trágicamente hace 21 años en un fatal accidente de circulación junto a su esposa Macu. Me refiero al ciclista cántabro Alberto Fernández, gran persona y gran profesional que ganó entre otros triunfos una Vuelta Ciclista a Cataluña, quedó tercero en el Giro de Italia de 1983 y segundo en la Vuelta Ciclista a España de 1984, que todo aficionado al ciclismo recordará que no la ganó por el escaso margen de 6 segundos ante el francés Eric Caritoux.

El grupo de gaitas La Montaña, que se ha querido sumar de alguna manera a los actos de homenaje en el centenario del nacimiento de Vicente Trueba, tocará una pieza en memoria de todos los ciclistas fallecidos y posteriormente Rodolfo do Alto, Presidente de la Asociación Amigos de Vicente Trueba y del Ciclismo Cántabro hará entrega de un obsequio a Alberto Fernández hijo.

Reiterarles mi agradecimiento por acompañarme en este día tan especial para todo escritor y muchas gracias también por su atención".