San Miguel Iglesias, Antonio

Foto de San Miguel Iglesias, Antonio
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1726-1804
  • Procedencia
    Revilla de Camargo

Bautizado como Alejandro Gabino Antonio Iglesias de la Cagiga, nació en Revilla de Camargo el 19 de febrero de 1726. Tras estudiar las primeras letras en la escuela de su pueblo, sintió la llamada de la religión ingresando en el seminario de Monte Corbán.

En 1742 profesa como monje jerónimo tomando el nombre de Fray Antonio de San Miguel en honor al patrono de su pueblo. Fue escogido para sustentar el Acto Mayor de su orden en la Universidad de Salamanca, pasando posteriormente a ser Lector de Artes y Maestro de Teología en los colegios jerónimos de Ávila, Sugüenza y Salamanca.

En 1768 es nombrado General de la Orden Jerónima y posteriormente Visitador General de las dos Castillas. En 1776 se le preconiza como obispo de la diócesis de Comayagua (Honduras), donde demostró su interés en buscar socorros y aliento a la población ante las adversidades de la viruela, el hambre y el terremoto que asoló Guatemala en 1780.

En 1783 fue promovido a la diócesis de Valladolid de Michoacán en México. En este destino, sabiendo de las altas rentas de algunas personas, traza un plan de gobierno que sería muy recordado por su eficacia. Con motivo de la sequía de 1785 se producen graves consecuencias, perdiéndose cosechas, muerte de ganado y precios abusivos que hacen inalcanzables para las personas modestas los alimentos. En esta situación Fray Antonio de San Miguel dirigió una carta a varios colectores de diezmos y luego un edicto en el que se sustenta su proyecto. También ese mismo año envía un escrito al Ayuntamiento en el que comunica su determinación de financiar la construcción de un acueducto y el arreglo de las calles principales, pues creía que «el verdadero y discreto modo de repartir limosna, con destierro de la ociosidad y vagabundería, es proyectar obras en que toda la gente pobre, con inclusión de los muchachos de ocho años para arriba, se ocupen y ganen el correspondiente jornal con el que al menos aseguran su alimento».

Desde octubre de 1785 a enero de 1786, el obispo, que dio muestras de su humildad privándose del carruaje, alivió la crisis agrícola aportando la cantidad de 288.000 pesos, justificando estos dispendios cuando afirma que «economía y política, todo sería vanidad si no donara mis rentas a beneficio de los pobres y causa pública».

Su «Memorial» recoge un alto sentido de la justicia y la humanidad que alentó la vida de Fray Antonio de San Miguel. En el punto 44 se señala que «para sacar al pueblo americano del miserable abatimiento en que se halla, y conducirle a la felicidad que siempre le he deseado, son necesarias las leyes siguientes:
1) Una ley que establezca la igualdad civil amsoluta de la clase de indios con la clase de españoles…
2) Una ley que restituya las castas descendientes de negros, mulatos, indios, españoles, que padecen nota de infamia de Hecho y Derecho…
3) una ley para dividir las tierras de las comunidades de indios en dominio y prosperidad entre ellos mismos…
4) División gratuita de las tierras realengas entre indios, castas y españoles pobres…
5) Una ley agraria que conceda al pueblo una equivalencia de la propiedad que le falta, permitiendo abrir las tierras incultas…»

Aunque su interés estuvo centrado en su diócesis, no se olvidó de Cantabria, realizando donativos para el seminario de Corbán y la Iglesia Catedral de Santander.

Murió el 18 de junio de 1804 en Valladolid de Michoacán (México).

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