Salaverría y Churitu, Pedro

Foto de Salaverría y Churitu, Pedro
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1821 - 1896
  • Procedencia
    Santander

Nació en Santander el 17 de octubre de 1821. Llegó a ser ministro en varios Gobiernos de España en el siglo XIX, ocupando diversos cargos relacionados con la Hacienda pública.

Sus padres eran guipuzcoanos, pero emigraron a Santander a comienzos del siglo XIX. Con el tiempo se trasladarían a Burgos, donde el joven Salaverría, con sólo 13 años, ya era escribiente en el Gobierno Civil, comenzando una gran carrera como funcionario que alternó con el estudio de la aritmética mercantil, tenaduría de libros y francés, entre otras materias.

En 1838 daba el salto a Madrid y colaboró en la redacción de los presupuestos generales de 1841 y 1842. En 1844 fue trasladado a Sevilla y su profesionalidad estuvo avalada por el hecho de que tanto progresistas como moderados, que se alternaron en el Gobierno, contaron con él por su buen hacer.

Tras casarse en 1846 con Matilde Saiz Cortés, a quien conoció en Burgos, Salaverría, se especializó en contabilidad general, siendo autor del decreto de 24 de octubre de 1849 que sería base de la futura Ley de Contabilidad. En 1854 fue director general del Tesoro y en 1856, O’Donnell le ofreció el Ministerio de Hacienda con el fin de suspender la desamortización eclesiástica que había iniciado el Bienio Progresista.

En 1857 fue ministro de Fomento, proporcionando el mayor impulso a la obra pública en España de todo el siglo XIX, gracias a un presupuesto extraordinario que en cinco años logró que se construyeran 3.000 kilómetros de carreteras principales y más de 1.000 de segundo y tercer orden, además de la construcción de ferrocarriles que se multiplicó por tres (de 866 kilómetros a 3.484) y los kilómetros de explotación del telégrafo, que pasaron de 6.330 a 10.000. También la marina mercante experimentó un notable crecimiento, aumentando un 300 por cien el tonelaje neto de su flota que pasó de 39 buques a 127.

En 1864 volvió a ser ministro, manteniendo una polémica con Bravo Murillo que sería motivo para que publicara su única obra: ‘Las deudas amortizables y las certificadas de cupones. Don Juan Bravo Murillo y la administración de los cinco años’, que escribió a modo de contestar a la publicación de Bravo Murillo titulada ‘El pasado, el presente y el porvenir de nuestra Hacienda’. En esta polémica, Bravo Murillo defendía que los fondos obtenidos por la desamortización civil tendrían que ir destinados a liquidar la deuda flotante del país, mientras que Salaverría consideraba que era más apropiado que sirviera de garantía para un crédito extraordinario.

Fue desterrado a Baleares tras suscribir una carta en protesta por el cierre de Las Cortes, y los acontecimientos que desembocaron en la revolución de 1868 le convirtieron en un defensor de Cánovas y de la candidatura de Alfonso XII como monarca, de tal manera que cuando Alfonso XII llegó a ser rey, Salaverría sería nuevamente ministro de Hacienda, e incluso Martínez Campo le ofreció la presidencia del Gobierno que rechazaría.

En 1869 sufrió un atentado de un antiguo empleado que le dejaría una serie de secuelas físicas que le debilitarían, aunque aún ocuparía el puesto de la presidencia del Banco de España.

Falleció en su retiro de San Sebastián en 1896.