García de Guinea y Díaz Álvaro, José

Foto de García de Guinea y Díaz Álvaro, José
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1818 - XIX
  • Procedencia
    Torrelavega

Nació en Torrelavega sobre el año de 1818. Más conocido como José García Álvaro, procedía de humilde cuna, siendo sus padres propietarios de una tienda donde se vendía de todo y apenas les daba suficiente para poder vivir. Por ello su hijo, como tantos otros, optó por emigrar a América cuando tenía 17 ó 18 años, desembarcando en La Habana hacia 1835.

Como la mayor parte de los emigrantes, trabajó duro para hacerse con un porvenir. Gracias a las recomendaciones que llevaba, pudo comenzar a trabajar ocupando un puesto en los establecimientos de importación y exportación del comercio colonial. Después de 15 años, logró hacerse con un buen capital con el que regresaría a Cantabria.

La consideración como escritor se debe precisamente a los apuntes del viaje de regreso que en 1850 García de Guinea emprendió desde Cuba, y que José Manuel de la Pedraja presentó en el simposio sobre Santander y el Nuevo Mundo, celebrado en Santander en octubre de 1977. Estos apuntes se publicaron posteriormente en el libro ‘Santander y el Nuevo Mundo’ que editó el Centro de Estudios Montañeses y la Institución Cultural de Cantabria, con el título “De La Habana a Torrelavega en 1850. Apuntes de viaje de un indiano montañés”.

En este viaje, el indiano embarca en la Habana, y después de un largo recorrido por Estados Unidos, unas veces en barco y otras en tren, llega a Nueva York, ciudad que visita detenidamente. Allí toma el Transatlántico que le conducirá a Europa, concretamente hasta varios puertos ingleses y una estancia más prolongada en Londres, donde pondría fin a sus apuntes que se consideran incompletos.

Según señala de la Pedraja, no es una narración de mérito literario, pero contiene una valiosa descripción, con lenguaje sencillo y pleno de espontaneidad. De la Pedraja añade que en el texto se manifiesta un interés por adquirir nuevos conocimientos, constante inquietud en nuestros indianos, que en el caso del autor, se confirmaría a lo largo de su vida en Santander, ya que siempre estuvo dispuesto a colaborar en las empresas culturales que se le ofrecieron, disponiendo para su formación de una selecta biblioteca.