Diego Cendoya, Gerardo

Foto de Diego Cendoya, Gerardo
  • Nacimiento/Fallecimiento
    1896-1987
  • Procedencia
    Santander

El más importante poeta cántabro y uno de los grandes de la lírica española, nace en Santander el 3 de octubre de 1896, donde cursa el Bachillerato y en 1912 pasa a estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto, donde conoce a su gran amigo Juan Larrea. Tras finalizar la carrera, hace el doctorado en Madrid.

En 1918 inicia su tarea creadora, tanto en prosa como en verso, colaborando en las más importantes revistas literarias del momento con sus poemas y críticas literarias, siendo partícipe activo de los cambios que se llevan a cabo en la poesía española. En 1920, siendo ya catedrático de Literatura en Soria, edita su primer libro, El romancero de la novia. Cinco años más tarde compartía con Alberto el Premio Nacional de Literatura por Versos humanos. En 1927 reúne su fundamental Antología poética en honor a Góngora y, pocos años después, Poesía española; y en 1934 su Antología, 1915-1931, la más importante recopilación que un poeta haya llevado a cabote su propia obra lírica y de la de sus contemporáneos. En ese año contrae matrimonio y al siguiente se traslada como catedrático al Instituto de Santander, mientras sigue completando sus trabajos con estudios sobre diferentes temas, aspectos y autores de la literatura española, llevando a cabo también la labor de conferenciante y de destacada crítica musical, realizada desde diferentes períodos.

Estando de vacaciones en Francia estalla la guerra civil, y no retorna hasta que, finalizada la contienda se traslada al Instituto “Beatriz Galindo” de Madrid, en el que permanecerá hasta su jubilación, tiempo en el que su labor lírica continúa de forma incansable y por ello será elegido miembro de la Real Academia Española en 1947 y galardonado con dos importantes premios, el de la Fundación March a la creación literaria , y el Premio Cervantes 1980, que compartirá con su amigo y compañero Jorge Luis Borges, a cuyas distinciones se suman múltiples homenajes y reconocimientos a su labor creadora, entre los que podemos destacar el que le dedicó la ciudad de Santander.

Conviene indicar su bibliografía para seguir mejor su trayectoria, de más de sesenta y cinco años:
El romancero de la novia (Madrid, 1920), Imagen (Madrid, 1922), Soria (Valladolid, 1923), Manual de espumas (Madrid, 1924), Versos humanos (Madrid, 1925), Vía crucis (Santander, 1931), Fábula de Equis y Zeda (1932), Poemas adrede (México, 1932), Ángeles de Compostela (Madrid, 1940), Alondra de verdad, Romances y Primera Antología (Madrid, 1940), La sorpresa, Cancionero de Sentaraille y Cancionero de Salduero (Madrid, 1944), La luna en el destierro y otros poemas (Santander, 1948), Hasta siempre (Madrid, 1948), Limbo (Las Palmas, 1951), Segundo sueño (Santander, 1953), Biografía incompleta (Madrid, 1953), Variación (1954), Amazona (Madrid, 1955), Paisaje con figuras (Palma de Mallorca, 1956), Égloga a Antonio Bienvenida (Santander, 1956), Amor solo (Madrid, 1958), Evasión (Caracas, 1958), Canciones a Violante (Madrid, 1959), La rama (Santander, 1961), Mi Santander, mi cuna, mi palabra (Santander, 1961), Glosa a Villamediana (Madrid, 1961), Sonetos a Violante (Sevilla, 1962), La suerte o la muerte (Sevilla, 1963), El jándalo: Sevilla y Cádiz (Madrid, 1964), El cordobés dilucidado (Madrid, 1966), Vuelta del peregrino (Madrid, 1966), Odas morales (Málaga, 1966), Variación 2 (Santander, 1966), Preludio, aria y oda a Gabriel Fauré (Santander, 1967), Segunda antología (Madrid, 1967), La fundación del querer y Tres poemas de La Magdalena (Santander, 1970), Versos divinos (Madrid, 1971), Cementerio civil (Barcelona , 1972), Carmen jubilar (Salamanca, 1975), Soria sucedida (Barcelona, 1977).

Gerardo Diego es autor de una obra de teatro, El cerezo y la palmera, Premio Calderón de la Barca en 1962, y del relato La caja del abuelo (1918), en tanto que su obra crítica está pendiente de inventario y recopilación.

Gerardo Diego inicia su labor poética en un momento de máxima efervescencia literaria , cuando la aparición de los movimientos de vanguardia en la literatura europea desde comienzos del siglo XX altera por completo las coordenadas en las que se había desenvuelto la actividad lírica con nuevos temas y nuevas formas que surgen para intentar dar expresión a un mundo en proceso de evolución acelerada, a cuya compleja situación, de las que participa activamente el poeta santanderino, se une su peculiar forma creativa. No sólo innova y es adalid de la transformación poética, sino que, además, es uno de los más perfectos versificadores en metros y estrofas clásicas. Se reducen sus inquietudes, según él mismo explica, a dos modos de poesía: la de poesía relativa, apoyada en la realidad, considerada la más clásica, y la de la poesía absoluta, autónoma frente al mundo real, apoyada en sí misma e incorporada dentro de los vanguardismos, sin que se conviertan cada una de ellas, la relativa y la absoluta, en universos incomunicados.

La poesía de Gerardo Diego, cualquiera que sea el asunto o la forma que adopte, posee unas características esenciales que le convierten en uno de los más grandes líricos españoles, debido a su capacidad y trabajo, en grado excelente, sobre la técnica del poema, que mediante la imagen nueva o una cuidada musicalidad le llevan al virtuosismo del detalle hasta el punto que su conocimiento de la creación le permite situar las imágenes más insólitas y atrevidas dentro de estructuras tan clásicas y férreas como las sextinas, sin quebrar los imperativos de esta estrofa renacentista. Lo mismo ocurre si el tema es clásico, sentimental o intimista, que se ven enriquecidos con la luz aportada por las imágenes vanguardistas sin que pierdan un ápice de su aire tradicional.

Tras su fallecimiento legó, al igual que Marcelino Menéndez Pelayo, su fabulosa biblioteca personal a la ciudad de Santander, y en tornoa ella se ha constituido la Fundación Gerardo Diego.